Washington Irving
(1783-1859)

La llienda de La Vallina Pigarciosa

Washington Irving nació cuando su país recién llevaba unos años de vida independiente, el 3 de abril de 1783, en el seno de una familia de ricos comerciantes de Nueva Inglaterra. Sus padres idearon para él una vida de hombre de leyes, a cargo de vigilar las inversiones familiares, y lo mandaron a estudiar Derecho en Columbia.

Pero el destino se encargó de torcer, por primera vez, los planes familiares y una enfermedad lo obligó a retirarse de la universidad y partir a recuperarse a Europa, en el primero de sus viajes hacia el otro lado del Atlántico. En el Viejo Mundo encontró su vocación y, de las leyes, pasó a las letras. Al regresar a Nueva York, en 1806, comenzó a publicar junto a su hermano una revista literaria de corte satírico que remeció a la sociedad de la época, llamada Salmagundi. Tres años después publicó su primera novela, Historia de Nueva York, una sátira a la historiografía tradicional que representa una continuación de la crítica social que ya insinuaba en la publicación periódica.

Sin embargo, y pese al éxito del libro, la familia de Irving seguía prefiriendo que Washington se convirtiera en un próspero comerciante y lo envió de nuevo a Europa, a cargo de la representación de las empresas paternas. Pero nuevamente el destino se encargó de reencauzar su vida: la filial quebró. E Irving decidió quedarse en Europa y dedicarse a la literatura a tiempo completo.

En Inglaterra, en 1819, publicó la que es la central de sus obras: Libro de Bocetos de Geoffrey Cannon, firmando con el seudónimo de Knickbocker.

Se trata de una colección de relatos en que figura también Rip Van Winkle, la historia del hombre que duerme toda una vida que, junto al Jinete sin Cabeza, es su cuento más conocido. El éxito fue instantáneo y continuó con la tercera de sus obras, Bracebridge Hall (1822).

Ya convertido en un autor de prestigio internacional y suerte de representante de la cultura de su patria, recibió una invitación del embajador de Estados Unidos en España, para que viajase a Madrid con la idea de investigar la vida del descubridor de América. Resultado de su larga estadía fue Vida y Viajes de Cristóbal Colón (1828), pero también las obras de su etapa pintoresquista: Crónica de la Conquista de Granada (1829) y su libro más conocido en nuestro idioma, Cuentos de la Alhambra (1832).

Tras 17 años en Europa regresó a Estados Unidos, pero en 1842 ya estaba de vuelta en Madrid, esta vez él mismo como embajador en España. En esa ocasión regresó pronto a América, donde consagró sus últimos años a una completa biografía novelada en cinco tomos del prócer cuyo nombre llevaba: George Washington (1855-1859).

Falleció en la localidad de Sunnyside, cerca de Nueva York, el 25 de noviembre de 1859.

LITERATURA NORTEAMERICANA

Antes de Irving, la literatura norteamericana adolecía de dos grandes déficit. Aún era completamente dependiente de la creación literaria de Inglaterra, la metrópoli, sin conseguir a su vez la independencia que políticamente acababa de lograrse. Pero también, y a causa de las peculiares características de la colonización estadounidense, la creación se concentraba principalmente en la difusión ideológica, primero de posiciones religiosas y luego de las tesis independentistas.

De hecho, el primer best seller de la industria editorial norteamericana fue Sentido Común, opúsculo de Thomas Paine dedicado a encomiar la autonomía que en 1876 vendió 100.000 ejemplares en menos de tres meses.

Irving no sólo le dio un estilo independiente y abrazó temáticas propias, sino que además consiguió, gracias a su trabajo en Europa (Estados Unidos estaba entonces lejos de ser un polo cultural) que su creación fuera reconocida internacionalmente.

Y si tuvo la suerte de gozar en vida el reconocimiento para su obra, también alcanzó a ver el nacimiento de un movimiento literario original en su país. Pronto vendrían Longfellow, Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville y Walt Whitman. Para mediados del siglo XIX, a la muerte de Irving, Estados Unidos no sólo poseía una literatura nacional, sino que comenzaba a influir en las letras del resto del orbe.

Rodolfo Arenas R.
http://www.tercera.cl/diario/2000/02/28/t-28.38.3a.CUL.IRVING.html

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